Para serte totalmente sincera, yo no era una experta en skincare ni tenía una rutina de mil pasos; mis únicos acercamientos eran esos días de juego con mis sobrinas en los que nos aplicábamos mascarillas por pura diversión. Sin embargo, todo cambió en febrero, tras hacerme mi primer tratamiento de bótox. Tenía muy claro mi objetivo: quería conseguir que los efectos del tratamiento se alargaran lo máximo posible.

Empecé a investigar a fondo el mercado cosmético. Para la recuperación inicial, aposté por las cremas de Skin Resist de Cantabria Labs, específicas para pieles sensibles, que tienen una calidad fantástica y me funcionaron de maravilla. Pero, analizando con lupa cómo continuar cuidándome para prolongar al máximo los resultados del bótox, tracé un plan: en cuanto se me acabaran esos botes, quería probar Skinceuticals.

Tenía la decisión prácticamente tomada, pero justo cuando mis cremas estaban en las últimas, una amiga me contó que su hermana había ido a visitarla y que le había enseñado un universo de cosmética coreana de grado médico. Me recomendó que probara los Glow Pads de ANUA y la Jelly Cream de Medicube. Al verle a ella una piel tan espectacularmente radiante, cambié mi decisión: iba a arriesgarme y probar algo nuevo. Además, sumé a mi cesta la limpiadora Heartleaf de ANUA.

Y ahí fue donde empezó mi particular odisea.

Decidí buscar cada uno de estos productos por internet. Lo que parecía una compra sencilla se convirtió en un auténtico caos de tiempo, pestañas abiertas y pantallas:

  • Primera tarde entera: La perdí saltando de web en web solo para encontrar el mejor precio de los Glow Pads.

  • Segunda tarde completa: Vuelta a empezar, rastreando dónde estaba más barata la Jelly Cream.

  • Varias tardes más: Comparando diferentes plataformas para conseguir la línea de Esthederm.

Fue justo ahí, al mirar la compra completa de Esthederm, cuando me llevé el impacto: ¡había una diferencia de hasta 20 € en el total según la web donde hiciera el pedido!

Con tanto lío de precios, marcas y comparaciones en la cabeza, me confundí. Al final, terminé comprando sin darme cuenta el formato pequeño de la Jelly Cream en lugar del grande, por lo que la broma me acabó saliendo más cara.

Me senté frustrada y pensé: "Somos mujeres que trabajamos, que nos cuidamos, que gestionamos mil cosas al día... ¿Por qué no existe una web en la que poder encontrarlo todo de manera fácil y sencilla, comparar de verdad y comprar a la primera sin perder tardes enteras?".

Supe de inmediato que esto no me lo podía guardar para mí. Pensé: "Tengo que hacer algo y compartir esto para que todas podamos cuidarnos con la máxima calidad y siempre al mejor precio".

Por eso en BeautyFind no importa si buscas el tratamiento de alta cosmética más exclusivo o tus básicos de cuidado diario y de gran consumo; el objetivo es que encuentres lo que necesitas de forma rápida y con la total seguridad de que estás pagando el precio justo.

Y así, para hacernos la vida más fácil, nació BeautyFind.